Todo puede suceder, todo sucede por algo.
6 Feb

muerte voluptuosa
El Jueves murió una amiga. Carol. Vivía con su novio, 8 años juntos, y tendría unos 35. Nadie sabía que estaba enferma excepto ella y él. No es de los amigos más cercanos, pero sí alguien a quién veíamos normalmente, y de hecho yo salí de afterhours con ella en varias ocasiones, y siempre fue amable, generosa y preocupada. Su casa queda justo frente a la nuestra, en la acera de enfrente.
Lo más raro para mí es esa cercanía mediana, ese término medio que diría I., donde no sabes bien qué tan amigo eres. Y en especial por no saber cómo acercarse a él para expresar apoyo. No puedo imaginar cómo lo hará para volver a su casa. Cómo volver a ese vacío que ahora encontrará, las cosas de ella… Además siendo extranjera, ni siquiera sé si la llevarán de vuelta a su país, al de sus padres, o qué. Pero principalmente eso, ¿cómo vuelves a tu casa, al lugar que compartías con ella cada día y que no esté, que no esté nunca más?
La gente reacciona cada uno a su manera frente a la muerte, lo sé por experiencia propia, y supongo que tiene que ver principalmente con nuestra valentía o naturalidad frente a ella. No nos enseñan a aceptar la muerte, no en esta cultura “occidental”. En otras sí, y si uno tiene un contacto un poco más profundo con esas otras culturas, quizás aprenda a confrontarla de manera más apacible. Pero, en general, la vemos con temor y con la infinita incertidumbre de “qué sucederá”.
Yo creo que nada. No hay nada después de ella. Y si aprendemos a “mirarla”, sentada a nuestra izquierda toda nuestra vida, esperándonos, aprehendemos ese impulso espontáneo de vivir la vida “en el momento”, e intentar vivir lo mejor posible, vivir una vida llena hasta los bordes, andar el camino en todo su ancho.
Chau Carol.


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